William Shakespeare

¿Por qué mis versos se hallan tan desprovistos de formas nuevas, tan rebeldes a toda variación o vivo cambio? ¿Por qué con la época no me siento inclinado a métodos recientemente descubiertos y a extraños atavíos? ¿Por qué escribo siempre de una sola cosa, en todo instante igual, y envuelvo mis invenciones en una vestidura conocida, bien que cada palabra casi pregona mi nombre, revela su nacimiento e indica su procedencia? ¡Oh, sabedlo, dulce amor, es que escribo siempre de vuestra persona y que vos y el amor sois mi eterno tema; así, todo mi talento consiste en revestir lo nuevo con palabras viejas y volver a emplear lo que ya he empleado. Pues lo mismo que el sol es todos los días nuevo y viejo, así mi amor repite siempre lo que ya estaba dicho.

jueves, 7 de octubre de 2010

Sueños de papel.



Soy una soñadora. Una auténtica y ciega soñadora. Hay en mí tan poca vida real, que los momentos como este, como ahora, los momentos junto a ti, tus besos, son para mí tan raros que me es imposible no repetirlos en mis sueños. Voy a soñar contigo toda la noche, todo el año y toda la vida.

A veces me pregunto cómo ha sido que se ha vuelto todo feliz. Quiero estar aquí, lejos, contigo; sin ningún problema, en un sitio tranquilo fuera del tiempo. Donde nadie nos moleste. Donde podamos estar siempre con solo quererlo. Exactamente a tres metros sobre el cielo, donde viven los enamorados.

Porque en ese momento en el que pronunciaste mi nombre en sueños, un sentimiento desconcertante y asombroso recorrió mi cuerpo. Y supe que no te podía ignorar por más tiempo. El amor es el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte. ¿Y sabes qué? cada uno de nosotros tenemos un hilo en la mano y ese hilo nos lleva a nuestra estrella. Cada uno de nosotros tiene una estrella en el cielo y nuestro destino es aprender a seguirla...Yo solamente pasando diez minutos contigo, puedo pasarme miles de horas pensando en ti. El amor es arriesgado, pero siempre ha sido así. Hace millones de años que las personas se buscan y se encuentran. Por eso sé que tú eres mi estrella, el más poderoso de mis sueños.

No sé cómo se sabe si se está enamorado, yo sólo sé que todas las noches sueño contigo.



Zòe.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Libertad.

-Di que soy un pájaro.
-Eres un pájaro.
-Ahora dí que tú también lo eres...
-Si tú eres un pájaro, yo también lo soy.





Zòe.

sábado, 18 de septiembre de 2010



Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura. Hay otra, natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye; y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía. La primera tiene un valor dado: es la poesía de todo el mundo. La segunda carece de medida absoluta; adquiere las proporciones de la imaginación que impresiona: puede llamarse la poesía de los poetas. La primera es una melodía que nace, se desarrolla, acaba y se desvanece. La segunda es un acorde que se arranca de un arpa, y se quedan las cuerdas vibrando con un zumbido armonioso. Cuando se concluye aquélla, se dobla la hoja con una suave sonrisa de satisfacción. Cuando se acaba ésta, se inclina la frente cargada de pensamientos sin nombre. La una es el fruto divino de la unión del arte y de la fantasía. La otra es la centella inflamada que brota al choque del sentimiento y la pasión.

Gustavo Adolfo Bécquer.






Atte: Zòe.

sábado, 21 de agosto de 2010

Me muero si te vas. Capítulo 2.

Helado de chocolate. Delicioso. Perfecto para calmar un día triste. Una cucharada más a la boca, y otra. La enorme tarrina de helado del supermercado ya estaba por la mitad. Otra cucharada más. Realmente delicioso. Satisfactorio. Una vez oí que el chocolate es el sustituto del sexo, pensó y dejó escapar una corta risita. A mí el chocolate me satisface más. Lamió la cuchara sopera y cerró el tarro de helado para alejarlo de su vista, pero dejándolo lo suficientemente cerca de sí misma como para tentarse, huye de las tentaciones, despacio... para que puedan alcanzarte. Volvió a reírse. Se tumbó en el sofá y cerró los ojos. Quedó pensativa mientras se inundaba de silencio.


Poco después se reincorporó. Miró su teléfono móvil sobre la mesa. Lo agarró y lo abrió buscando alguna llamada perdía, algún mensaje de texto. Nada, no había nada. Sintió desilusión, respiró profundamente y cerró el móvil con fuerza tirándolo al sillón de su derecha. Volvió a dar un fuerte suspiro, entrelazó sus dos manos, con fuerza, y se apretó a sí misma. Como si fuera el único modo de dejar salir su rabia contenida. Bajó la cabeza y se miró los pies, pensativa. Y como si un puñal la atravesara derramó algunas lágrimas fugaces que dejó caer al suelo. Había estado esperando esa llamada más de dos hora y aún no había llegado. Tendría que seguir esperando, pensó. Tal vez le haya pasado algo... Tal vez el móvil no le funcione... Tal vez yo haya hecho algo mal y por eso no me llama... Y se llenó de posibles tal vez que no eran ciertos, que en el fondo sabía que no lo eran, pero que al menos intentaban engañarla para evadirse de la realidad. De la realidad de que se había olvidado completamente de ella. De que tenía cosas más importantes que hacer. Más importantes que ella.

sábado, 31 de julio de 2010

''El amor más hermoso es un cálculo equivocado, una excepción que confirma la regla, aquello para lo que siempre habías utilizado la palabra 'nunca'. Qué tengo que ver yo con tu pasado, yo soy una variable enloquecida de tu vida. Pero no voy a convencerte de ello. El amor no es sabiduria, es locura...''


martes, 27 de julio de 2010

Huir.

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Cuando la madera prende, el fuego se convierte en humo. El humo ensucia el aire que se respira, y el aire se corrompe. Es fácil perderse. Yo me sentía una chimenea, una fogata que siempre prende. Estaba perdida, era como el humo... constantemente ondeando según le dicta el viento. Marchándose de su lugar de origen, desapareciendo, huyendo. Di otra calada más de aquello que me convertía en una adicta. Saboreé su aroma, su gusto, volví a intentar huir.


Me escocían los ojos, pero ni un simple movimiento parecía reaccionar a ello. Seguí allí, sentada, durante minutos, horas tal vez. Perdí la noción del tiempo. Vi amanecer, de nuevo. Últimamente había tomado la fea costumbre de sentarme en mi ventana hasta ver los primeros rayos del sol; con casi todo mi cuerpo hacia el exterior; tendida para caer con un pequeño movimiento que nunca llegaba. No me apetecía demasiado salir a festejar nada, no había nada que celebrar.

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